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Thursday, December 19, 2013

¿Reino De Dios y Herramientas Del Diablo?

La gran debilidad de la espiritualidad [actual] es que trata absolutamente sobre nosotros: cómo satisfacer nuestro potencial, cómo formar parte de las bendiciones de Dios, cómo expandir nuestra influencia, cómo descubrir nuestros dones, cómo controlar los principios mediante los cuales podemos ganarle de mano a la competencia. Y cuanto más hay de nosotros, menos hay de Dios.

Es verdad que, tarde o temprano en esta vida nos invitan o nos ordenan hacer algo. Pero en el hacer, jamás nos convertimos en el sujeto de la vida cristiana, ni llevamos a cabo la acción de la vida cristiana. A lo que se nos invita o lo que se nos ordena hacer es lo que deseo llamar participación preposicional. Las preposiciones que nos unen a Dios y su acción en nosotros y en el mundo el con, el en, el de nuestra parte son muy importantes, pero son esencialmente un asunto de la manera y los medios de formar parte y participar en lo que Dios está haciendo.

Esta manera y estos medios son el segundo elemento básico de la vida cristiana y también se oponen a la mayoría de las cosas en [la época en que vivimos]. La manera y los medios tienen que ser apropiados para los fines que sirven. No podemos participar en la obra de Dios y luego insistir en hacer las cosas a nuestra manera. No podemos participar en la construcción del reino de Dios y luego utilizar los métodos y herramientas del diablo. Cristo es el camino, así como la verdad y la vida. Cuando no lo hacemos a su manera, confundimos la verdad y desperdiciamos la vida.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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Monday, December 16, 2013

¿Y Si Cambiamos de Dirección?

“Arrepentirse” es una palabra de acción: un cambio de dirección. Vamos en la dirección equivocada, pensando lo incorrecto, imaginando todo al revés. Lo primero que hacemos cuando comenzamos nuestra vida en la comunidad es dejar de hacer lo que estábamos haciendo. Fuera lo que fuera, probablemente era lo incorrecto, no importa cuánto nos esforzáramos, no importa cuán bien intencionado fuera. Prácticamente todo lo pertinente a la forma de vida que tenemos nos ha llevado a pensar que estamos a cargo de nuestra vida, que somos la medida de todas las cosas, que todo depende de nosotros. Estamos transitando un camino ancho, pavimentado con buenas intenciones, organizado expertamente con la más novedosa tecnología para llevarnos a donde alguien nos dijo que deseamos ir, y deseamos llegar allí con el menor inconveniente, de la manera más rápida y eficiente. Es un camino con mucho tráfico, ruidoso y contaminado, con muchos accidentes y muertes. Pero nos lleva a donde se nos ha dicho que deseamos ir, de modo que lo soportamos todo.

Y luego viene la palabra del bautismo: arrepiéntanse. Vuélvanse. Cambien su manera de pensar, su manera de imaginar. Dejen atrás el ruido, la contaminación, el desorden, la eficiencia que despersonaliza, el apuro aportado por la tecnología. Tan sólo digan un no rotundo, autoritario, innegociable. Estamos en suelo santo y necesitamos protegerlo de pisotones profanos.

La manera en que comenzamos la vida de resurrección no es agregando algo a nuestra vida sino renunciando a la vida frenética del yo, limpiando el caos cultural y religioso, volviéndole la espalda a lo que comúnmente resumimos como “el mundo, la carne y el diablo”.

Y luego seguir. Seguir a Jesús. Seguir a Jesús es el sí del bautismo que viene tras del no. Hemos renunciado a la iniciativa y asumido la obediencia. Hemos renunciado a las afirmaciones clamorosas para escuchar en silencio. Observamos cómo trabaja Jesús, escuchamos sus palabras, lo acompañamos cuando inicia nuevas relaciones y se dirige a lugares extraños y personas raras. El estar en su compañía, observando lo que hace y escuchando lo que dice desarrolla en nosotros una vida que le responde a Dios, una vida de respuesta a Dios, lo cual equivale a una vida de oración. Porque seguir a Jesús no es una marcha robótica, cerrada, en una sola hilera detrás de Jesús. El seguirlo se mete adentro de nosotros, lo interiorizamos, se introduce en nuestros músculos y nervios: se convierte en oración.
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Monday, August 26, 2013

Dios No Interfiere

No nos resulta sencillo reconocer las señales de la gloria de Dios ni recibirlo en los términos en los que se acerca a nosotros. Sin embargo, la buena noticia es que las señales están en todas partes. Dios no escatima revelaciones. Pero tampoco acorta el camino de nuestra participación. Dios no interfiere con nuestra libertad o nuestra dignidad usando señales que nos superan o intimidan. No estamos acostumbrados a eso. Cuando alguien quiere que hagamos algo o compremos algo, estamos acostumbrados a discusiones, a que nos presenten, evidencias irrefutables, que nos prometan beneficios secundarios, que nos adulen y, a veces, que nos amenacen. Cuando se nos ofrece un obsequio o bendición sin todos esos medios degradantes y métodos indiscretos, apenas sabemos qué hacer. Cuando estamos en la compañía de Juan y sus canónicos hermanos y hermanas ingresamos en un estilo de vida en la que se nos da la vida de Dios a la manera de Dios, en Jesús, y sólo la podemos recibir con fe y amor.


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Friday, August 9, 2013

Si Vamos A Vivir En Comunidad...

Si vamos a vivir en comunidad, el trato con el Dios que no podemos ver tiene que estar por encima del trato con los hombres y mujeres que podemos ver. Y para que, en nuestro apuro por embarcarnos en las cosas realmente prácticas que están en nuestra mente, no pasemos por alto lo invisible y descuidemos la inmensa gravedad de lo que está involucrado aquí, reduciendo a Dios a un mero antecedente, se nos detiene mediante estrategias de expansión en cada palabra. Aquí existen razones que quizás no hayan tenido en cuenta. Aquí hay consecuencias que quizás desconozcan. Hay un contexto involucrado que establece su mandamiento en un mundo mucho más extenso del que ustedes perciben ahora a su alrededor. Aquí hay cinco condiciones dadas por Dios sin las cuales no se puede tener comunidad. Piensen. Dense cuenta. Imaginen. Acepten. Adoren.

Y si vamos a vivir en comunidad, el trato con los hombres y mujeres que observamos y vemos todos los días tiene que ser encarado de frente. Quizás no sea esto tan obvio como parece, porque no existe nada más común entre nosotros que transformar a las personas entre las que vivimos en abstracciones, amontonándolas en categorías, idealizándolas o demonizándolas, tratando con ellas de manera impersonal como si fueran principios o proyectos. El staccato, los imperativos rotundos de la segunda pentada, nos impide proyectar lo que nos gusta y lo que nos disgusta en los demás, despersonalizándolos y luego ocupándonos de ellos según la manera que consideremos apropiada. Aquí hay cinco condiciones humanas que no se pueden transgredir si vamos a vivir en comunidad, no importa lo que sintamos o pensemos. Nombremos. Respetemos. Escuchemos. Honremos. Aceptemos. Sirvamos.
 
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Wednesday, July 17, 2013

El Fin De La Fe ¡Es Vida!

El final es el punto de comienzo. “En mi fin está mi comienzo” (T.S. Eliot). Los finales tienen prioridad sobre los comienzos. Comenzamos un recorrido decidiendo primero un destino. Reunimos información y empleamos nuestra imaginación para prepararnos para lo que vendrá: la vida es el final de la vida; vida, vida y más vida.

El final de toda la fe y obediencia cristianas, testimonio y enseñanza, matrimonio y familia, tiempo libre y vida de trabajo, predicación y trabajo como pastor es el vivir todo lo que sabemos sobre Dios: vida, vida y más vida. Si no sabemos hacia dónde nos dirigimos, cualquier camino nos va a llevar allí. Pero si tenemos un destino (en este caso, una vida vivida para la gloria de Dios) existe un camino bien marcado: el Camino revelado por Jesús. La teología espiritual es la atención que le brindamos a los detalles de vivir la vida de esa manera. Es una protesta contra la teología despersonalizada en información sobre Dios; es una protesta contra la teología convertida en un programa de planificación estratégica para Dios.
 
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Friday, May 31, 2013

Profanar El Tiempo Es Profanar la Vida

La hermana Lychen me preparó para la cualidad de vida de Génesis 1. Génesis 1 no está apurado. Y Génesis 1 no deja las cosas para más adelante. Entre las muchas profanaciones de la creación, la profanación del tiempo ocupa uno de los primeros lugares… El tiempo es el medio en el que llevamos a cabo toda nuestra vida. Cuando se profana el tiempo, se profana la vida. Las evidencias más visibles de esta profanación son el apuro y el dejar las cosas para más adelante: el apuro le da la espalda al don del tiempo en un intento de aferrarse de manera compulsiva a las abstracciones que puede poseer y controlar. El dejar las cosas para más adelante pierde de vista el don del tiempo al no prestarle atención a la vida de obediencia y adoración mediante la cual ingresamos a la “plenitud de los tiempos”. Ya sea que nos aferremos apurados o que no le prestemos atención y lo dejemos para más adelante, el tiempo es violado.

Yo me crié en una cultura espiritual que despreciaba, por no decir desdeñaba, el tiempo. El tiempo, el tiempo ordinario, era tan sólo “dedicar tiempo” hasta que la intervención final de Dios le pusiera fin al tiempo y marcara el comienzo de la eternidad. Entretanto, había mucho que hacer: testimoniar a nuestros amigos, enviar misioneros, celebrar reuniones en las calles, ir todos los domingos por la tarde a las cárceles para cantar y predicar a los prisioneros. Pero nada atrapaba nuestra atención por demasiado tiempo. Teníamos que estar seguros de que estábamos listos y luego apurarnos y preparar a todas las personas que conociéramos para el final, el rapto, la segunda venida de Jesús. No teníamos tiempo para nada: sólo unas breves vacaciones, pero nada de tiempo para ir a la universidad y nada de tiempo para juegos. El tiempo ya estaba llegando a su fin. No se honraba al tiempo por sus propios méritos; su único valor residía en prepararnos para el final de los tiempos. El tiempo final era el único tiempo sagrado. Todo lo demás, días y semanas, minutos y horas, tenía que usarse en el servicio de final de los tiempos. Si no lo usábamos para algún proyecto santificado o alguna meta ungida por el Espíritu, estábamos perdiendo el tiempo.

La hermana Lychen (todos los adultos en nuestra pequeña congregación eran una “hermana” o un “hermano”) era una figura importante en este mundo. Era anciana, muy pequeña, de cinco pies de altura que cada vez eran menos. Vivía en una pequeña casa en nuestro vecindario. Las persianas estaban siempre cerradas. A menudo, pasaba yo con mi bicicleta frente a su casa. Jamás la vi salir de su casa siempre oscura salvo los domingos cuando la pasábamos a buscar para llevarla a la iglesia. Durante el tiempo de testimonio y oración, con regularidad litúrgica en nuestro culto Pentecostal que desafiaba la liturgia, ella se ponía de pie y decía que nuestro Señor le había revelado que ella no moriría antes de su segunda venida en la gloria. Le había dicho que ella sería arrebatada junto con todos los santos en las nubes para encontrarse con el Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4.17). Todos los domingos. Palabra por palabra. Yo estaba muy impresionado. Cuando tenía ocho años, comencé a calcular cuánto tiempo me quedaba en la tierra, porque daba por sentado que yo también sería “arrebatado”. Ella tenía por lo menos noventa años de edad. Dada su creciente debilidad y pérdida de estatura: cada año perdía una pulgada de altura, me imaginé que ella podría vivir algún tiempo todavía y por lo tanto el rapto no tendría lugar hasta pasados otros cinco o seis años. Cuando viniera el rapto, yo iba a tener catorce años. Eso significaba que nunca iba a manejar un automóvil. Estaba muy decepcionado.

Cuando cumplí los diez años, la hermana Lychen falleció.

Aún puedo recordar mi confusión durante el servicio fúnebre. Me quedé esperando a que el Pastor Jones dijera algo sobre la Segunda Venida, pero no dijo nada. Silencio. El siguiente domingo, uno de los pilares de la experiencia de adoración de mi niñez se había desvanecido. El edificio aún estaba de pie. La congregación de siempre estaba aún allí. Todo estaba intacto. No había ningún rapto. Y nadie parecía notarlo. Los diez años no son una edad propicia para entender los asuntos escatológicos, de modo que a la larga los dejé de lado. Dos o tres años más tarde entré en la adolescencia, la edad en que la biología virtualmente destruye la escatología: todo era presente, ahora, inmediato, directo, con ninguna conexión entre el pasado y el futuro. El pasado y el futuro cobraron una existencia sombría.

Pero eventualmente me encontré lidiando con ello otra vez. Abriéndome camino para llegar a ser un adulto, estaba leyendo mi Biblia con mayor diligencia, prestando atención a la manera en que se debía vivir este evangelio de Jesús y no conformarnos con hablar sobre él, dar testimonio, estudiarlo o memorizarlo. Poco a poco me di cuenta de que ese tiempo ordinario no es lo que el pueblo bíblico tolera o soporta o pasa corriendo mientras espera que llegue el final de los tiempos y se lance a la eternidad. Es un don mediante el cual participamos en la obra presente y cotidiana de Dios. Por fin lo entendía: el tiempo final influye en el presente, en el tiempo común y corriente, no despreciando o denigrándolo sino cargándolo, llenándolo con propósito y significado. El tiempo final no es un futuro que esperamos sino el don de la plenitud de los tiempos que recibimos con adoración y obediencia mientras ingresa fluyendo al presente.

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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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Tuesday, April 30, 2013

Es Todo Espiritual

Imaginen cómo cambiarían nuestras percepciones si elimináramos la palabra “espíritu” de nuestro lenguaje y utilizáramos sólo “viento” y “soplo”. Habiendo perdido el origen metafórico del “espíritu” operamos, en nuestras conversaciones diarias, con un grave déficit de vocabulario. Para nuestros antepasados, el espíritu no era “espiritual”; era sensual. Era lo invisible que tenía efectos visibles. Era invisible pero no inmaterial. El aire tiene tanta materia como una montaña de granito; lo podemos sentir, escuchar y medir; provee las moléculas para la respiración tranquila que es parte de toda la vida, humana y animal, despiertos y dormidos — los soplos de aire solían formar palabras, las suaves brisas que acarician la piel, los frescos vientos que llenan las velas de los navíos, los alocados huracanes que arrancan los techos de los graneros y que sacan de raíz los árboles.

Las cosas se aclararían enormemente si pudiéramos quitar “espíritu” y “espiritual” de nuestro inventario de lenguaje por un tiempo.

*Tomado de "Cristo Actúa En Diez Mil Lugares"
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